Porque... hay que ver qué visión tan aguda tienen los colegiados y los jueces de línea para detectar las "manos" cuando son a favor de uno de los llamados "grandes" y, sin embargo, que enormes dificultades de visión tienen para las que favorecen a los "chicos".
Ayer, en La Romareda, ni el árbitro ni el supuesto "juez" de línea se percataron de las manos de Henri para ayudarse en el primer gol culé, a pesar de lo sospechosamente mansa que quedó la pelota a sus pies para el remate. Sin embargo, el juez de línea sí tuvo ojo de águila para ver una mano en el área zaragozista cuando menos harto dudosa. Ya es de traca pitar una mano cuando es dudoso el contacto del balón con una parte semejante del brazo desplegado del defensor, como para que, además, se pite por parte de un juez de línea que apercibe al árbitro (que no se ha percatado de la circunstancia) y en una jugada sin el más mínimo peligro, con el defensor absolutamente solo dentro de su área y sin un atacante del equipo rival que pudiera obtener ventaja u opción ante un eventual fallo en el control. Pero es que, además, las numerosas repeticiones de la jugada demuestran que el balón toma contacto con el hombro, y no con el brazo. Pero eso es lo de menos. Lo verdaderamente curioso y esclarecedor del comportamiento arbitral al que hemos de acostumbrarnos, como viene siendo la tónica en las últimas jornadas, es la agudeza visual de los colegiados puesta al servicio de los de siempre.
Y luego nos sale el "inefable" Laporta quejándose de la "mala suerte" de su equipo en los últimos partidos. ¿´Qué diablos le dieron de beber en el palco?
