Yo he sido muy antimadridista, empecé a dejar de serlo cuando se empezaron a apuntar al carro antimadridista gente, colegas, periodistas e intelectuales varios que habían sido más merengues que bernabeu y de repente pasaron a engrosar las legiones de los que querían la debacle total del madridismo. Como los nuevos conversos y supongo que con la base doctrinal de esos suplementos culturales que se llaman Sport, EMD, Supersport (pero nosostros al viento, que diría el cansautor de Xátiva) los odios de diverso pelaje convergían en el ataque a los blancos. Cuando antes tenías que apagar la radio con tanta verborrea promadridista, ahora era todo lo contrario. Cuando nos hinchamos a denunciar las ayudas arbitrales y federativas el equipo de la capitál, ahora veíamos que los mismo se hacía con el presidido por Laporta. Y la verdad me dí cuenta de que yo era antimadridista, mucho, pero no podía bendecir aquello que estaba criticando, aunque fuera una manera de joder al denostado Real Madrid. Por coherencia no podíamos bendecir en el Barca lo que con tanto ahinco criticamos en el madrid. No podíamos protestar contra una dictadura deportiva y aceptar otra de distinto color. Y por supuesto hay una razón de tinte elitista, lo siento, el crecimiento exponencial del borregueo antimadridista. Y a mi nunca me ha estimulado el seguir al ganado lanar, como tampoco la mirada bovina hacia televisiones que cambian la chaqueta con la facilidad del prestidigitador.
Anoche en mi deleznable desidia y holganza escuché una tertulia de Radio Marca dirigida por el más aventajado discipulo del Butano, Don Agustín Castellote, y con unos contertulios, todos ellos fustigadores reoncorosos del madridismo, más dignos del Canal Paramount Comedy que de una radio pretendidamente seria. El tal Sanchez, un catalán empeñado en impostar la voz para que se notara que vivia por los primeros números de la Diagonal, resultó ser un personaje de opereta creado seguramente por los expertos en márketing del Real Madrid. Si se hablaba de tifones, el Madrid era un tifón de Maldad, si de patadas, ningunas como las de gravesen, si de traiciones a la patria; traidor el presidente madridista, de lesa majestad. Era como un monito de repetición que iba negandole la vida a todo lo madridista, tan inutil como cómicamente. Cualquiera que lo escuchase llegaría a la conclusión de que con estos enemigos, el Madrid no necesita amigos. Si quieren conseguir que sus seguidores acaben haciendo una piña, se sientan liverpulianos en el sentido de no andar solo... etc, lo van a conseguir. Cada día estoy más convencido de que la mayoría de la prensa antimadridista cobra (dinero) en las oficinas de Concha Espina.
En el siguiente post una pregunta al respecto....
