¡Toda una lección a nuestros árbitros y a su estamento de poder! A título individual y colegiado.
Mientras en nuestra competición no se adopten medidas similares y se asuma el espíritu de autocrítica como algo normal en lo deportivo, nuestros árbitros seguirán siendo lo peor de la competición.
¡Qué envidia me produce ver los partidos de la Premier! Los malos modos quedan reservados a los borrachos que exportan a la Champions League y la UEFA. Pero, ciertamente, el comportamiento de los aficionados en los estadios, de los árbitros y los jugadores sobre los terrenos de juego, son cosas perfectamente envidiables.
Por cierto: el arbitraje del Liverpool-Chelsea, excepción hecha del aludido penalty, fue "de enmarcar". Toda una lección de autoridad y respeto sobre el campo, sin tener que acudir gratuitamente a las tarjetas, de las que tanto gustan nuestros árbitros españoles, lo cual dice bien poco de su "autoridad". El respeto hay que ganárselo, y los árbitros españoles están lejos, muy lejos de hacerse merecedores del mismo. Con honradísimas excepciones, claro está, en cuyo cómputo sobran dedos de una mano.
