Puedo entender que a un jugador de fútbol le guste jugar. Incluso es muy loable que anteponga sus ganas de hacerlo al interés meramente económica de las estrellas mediáticas. Pero lo de Cesc no me parece que sea propia de alguien maduro.
El caso es que su rendimiento con la selección española, aún siendo muy bueno, no llega al que suele desarrollar en la Premier con su equipo. Y, por supuesto, en ningún momento de la pasada Eurocopa se ha revelado tan decisivo como otros jugadores mediocampistas, como Iniesta, Xavi, Senna, Cazorla. Y eso que a Iniesta le costó bastante encontrar su juego, pero cuando lo hizo, su nivel resultó incomparablemente más eficaz que el de Fábregas.
Cesc debe aceptar su suplencia porque, hoy por hoy, su juego es lo suficientemente irregular e imprevisible como para que se le tenga en la recámara, descansado y a modo de "revulsivo". Cazorla, por ejemplo, también ha salido desde la suplencia y, sin embargo, su rendimiento en los pocos minutos que ha tenido ha sido soberbio, muchísimo más solvente y eficaz, tanto en el trabajo ofensivo como en el de recuperación.
Es una pena que Cesc haya sacado las patas del tiesto con su malhumor. Esperemos que no sea un "remake" de los Raúl, Salgado y compañía, incapaces de aceptar su suplencia de buen grado y por el bien del equipo. Esta clase de "manzanas" son las que pudren a toda la cesta.
